lunes, 11 de junio de 2007

Historias

Me encontré hace unos momentos que pensaba en el tipo de escritos que me gusta hacer. Los temas que suelo abordar, de qué me es más fácil hablar.

Definitivamente no tengo imaginación. Numerosos comienzos de fantasías que tratan de dar sus primeros pasos por algún motivo son abandonadas, cuando no tienen visos de realidad, o porque no se basan en un hecho concreto específico que pueda recordar.

Pero hay algo positivo. Tengo tantas historias que puedo contar!

Creo que iré sacando de mi archivo parte de la memoria individual que me ata a esta tierra, y dedicando mis pensamientos a las heroínas y villanos (o héroes y brujas malditas) que han acompañado mis pasos. Hasta ahora.


domingo, 10 de junio de 2007

De ruinas e ilusiones

Soy demasiado orgullosa para soportar la compasión.
Mi tragedia es recibir un gesto amable pero distante sintiendo que un escozor carcome mis entrañas.
Estoy enferma de dolor y sueños pulverizados; en mi pecho se agolpan sentimientos encontrados, los que debería inspirar, pero que por alguna burlesca razón sólo quedan en buenas intenciones.

Tengo ruinas en vez de ilusiones, pero me declaro reina y señora de ellas, y me hago adorar por una fiel corte de gélido silencio.
No crucé con mi látigo el corazón de los mortales.
No vestí con mi manto las sublimes aspiraciones del alma humana.

Sólo me encierro en mi torre de hielo, y gobierno sobre las frías piedras que rodean lo que queda de mi espíritu.

Amanda Cabot.
Junio 10 de 2007.

Los dioses clamaron por mi sangre, y ahora con ella pagaré mis pecados y osadías.

La escapista.

Cuando pequeña era una diabla escapista. No podían sacarme la vista de encima un par de segundos, porque de alguna manera, en una maniobra inesperada, dejaba que mi instinto me guiara, y encaminaba mis pasos hacia adelante, en cualquier dirección.

Tenía algo así como 3 años cuando una tarde me encontraba junto a mi madre y hermano mayor (casi tres años más que yo) de visita en casa de una tía. Jugaba con mis primos y otros niños en el jardín de la casa, y mi madre, como guardia de palacio, junto al grupo y sin despegar de mí su atenta mirada.


"Déjala que juegue tranquila un rato, la Chica la cuida", le insistía una y otra vez mi tía a mi mamá, para que entrara a la casa a tomar un té, y me dejara en paz por un momento. Finalmente, ante tanta insistencia, optó por confiar el cuidado de mi persona a la citada prima, y dejó de mirarme por 2 minutos.


Entonces desaparecí. Primero recorrieron la casa, que era como las de campo, de grandes patios y muchas plantas y rincones. Al percatarse que no estaba, comenzaron a ver en la calle, en las casas vecinas, en los alrededores. Nada. Para mayor angustia, en esos momentos estaban construyendo los alcantarillados en esa villa, por lo que las calles estaban llenas de zanjas de 2 metros de profundidad. Organizaron una cuadrilla de búsqueda, y salieron en grupos a recorrer el sector.

Se hizo de noche. Ni luces de la pequeña. Mi madre lloraba y me llamaba por las calles, con mi hermano de la mano, quien al verla tan asustada, a modo de consuelo, le decía "no importa mami, después tienes otra guagüita", alternativa que no agradó a mi progenitora, y con más fuerza tiró de su brazo para seguir buscando.


Finalmente apareció la princesa. Estaba sentada en un boliche del sector, a una cuadra de la casa, tomando una bebida. En una de las tantas vueltas, mi madre entró al lugar para preguntar
si habían visto a una pequeña con ricitos perdida (había pasado varias veces por fuera, sin ocurrírsele pasar a consultar), y al verme sana, salva y sonriente me abrazó, me retó, y me llevó de vuelta a la casa.

Cómo había llegado ahí? Salí caminando libremente de la casa, y me atrajo un grupo de niños que jugaba en un pasaje. Al pasar la hora, comenzaron a ser entrados por sus familias, y al ver que yo quedaba sola y desorientada en la calle, los papás de algún niño me llevaron a la botillería, que era una especie de bar de pueblo, para que me encontraran si salían en mi búsqueda.

Al dependiente del bar le llamó la atención que yo no estuviera asustada ni llorosa, y me dio una bebida, para tenerme entretenida, y me hizo hablarle de cualqui
er cosa. Por eso estaba tan animada cuando mi madre me encontró.

Llegando a la casa casi hubo una paliza. Un hermano del marido de mi tía, al verme aparecer, dijo "bah, ésta era la niñita perdida que estaba en la botillería", ya que había pasado a tomarse una "cañita" previo a su visita, y el dependiente le preguntó si conocía a la pequeña que feliz tomaba una fanta mientras hablaba imparablemente. Lo que casi le costó unos buenos golpes fue su escasa perspicacia, al no relacionar la búsqueda de su sobrina con la niña perdida del bar.Esta foto es de la época en que me perdí. El de la izquierda es mi hermano Claudio; sus manos sujetándome son un claro indicio de mi manía escapatoria. De hecho, en casi todas las fotos de esos años sale él afirmándome de un brazo. El de la derecha es mi primo Alexis.
Por dios que era linda en esos tiempos!




sábado, 9 de junio de 2007

Soledad

Mientras me encerraba en mi piel, y evitaba mostrar mi rostro a quienes parecían verme a través de una vidriera, no noté, casi ni sentí lo sola que estaba. Me refugié en mi memoria dolorosa, reviví una y cien veces los diálogos, las lágrimas, los temores, clamando por un alivio que vendría de seres ajenos e inesperados.

Esta mañana abrí los ojos, moví mis manos, sentí el aire resbalar sobre mi piel. Pensé por un momento que estaba viva, que podía caminar tres pasos sin caer, que nuevamente era la dueña de mi destino, y que por sólo desearlo se abrirían ante mi paso las sombras y las tinieblas.

El mundo sigue su curso, y no espera a quienes dan vueltas sobre su eje. Estiro mis brazos, y sólo aferro el silencio. Alzo la voz buscando respuestas, pero un eterno rechazo ilumina de golpe el vacío que me envuelve.

Y al igual que cada noche, enfrento en el espejo los círculos oscuros que delinean mi mirada, la faz cansada que suplica una caricia, los cabellos alborotados, la sonrisa helada. Sin testigos, sin oídos, sin palabras de consuelo.

Pero esta vez, sintiendo en mi carne la crudeza de una soledad sin oportunidades.

Amanda Cabot.
Junio 9 de 2007.
Respiro, simulo, sonrío. Pero siento en mi pecho el dolor, como un viejo conocido, recuperando las horas perdidas.

jueves, 7 de junio de 2007

La pasión... en los labios del artista. III parte.

Recién mientras esperaba algo (qué era???) me acerqué a mi equipo de música, que lo he tenido bien abandonado, la verdad, e inmediatamente busqué dos canciones, que tras escucharlas y canturrearlas me di cuenta que tenía que mencionar como "especiales".

Preaching the end of the world, Chris Cornell. La primera vez que la escuché me llamó inmediatamente la atención por lo melancólico de la voz (más que en otros temas que conocía del mismo chico guapo), y al prestar atención a la letra sentí deseos de llorar (lo que no es de extrañar, ya que contrario a mi costumbre ultimamente lloro por muchas cosas). Cada vez que la oigo pienso en ese momento. Y bueno, en varias cosas que sucedieron inmediatamente después, y al tiempo.

"Sé que no quiero estar solo hoy, y si has estado sintiendo lo mismo, llámame ahora, estará bien".
Me encanta porque la letra es simple, directa, sin fantasías ni torturas rebuscadas, pero con alma.
Pd.- Apenas pueda y me acuerde devolveré el disco... pero a cambio de una copia, ya?
http://www.youtube.com/watch?v=C0bKW0l4rjk


One Last Goodbye, Anathema. Sí, se repite el plato, pero lo siento, es mi banda favorita. Esta canción pertenece al álbum "Judgement", y fue la primera que usé en mis clases de canto con la Geno, hace como 5 años. Me acuerdo que una vez me tocó interpretarla frente al resto de mis compañeros, y una de las chicas terminó casi llorando, pues decía que sin entender la letra, le daba pena (y no era que la cantara mal, jaja. Al menos esa me salía bien). Lo importante para mí es que este tema fue compuesto por Danny Cavanagh (guitarrista de la banda, y hermano de Vincent, vocalista y segunda guitarra, y quien cabronamente hace casi todas las canciones), y es en memoria de su madre, quien falleció mientras preparaban ese disco.

"De alguna forma supe que me dejarías de esta manera, de alguna forma supe que no estarías más, y con la temprana luz de la mañana, después de una noche silenciosa y pacífica, te llevaste mi corazón".

Me pongo un poco triste ahora al sentirla de otra manera. Cuando tantas veces la escuché e intenté cantar me conmovía por lo melancólica, pero ahora la siento un poco más cercana, tras la muerte de mi abuela. Pienso en ella y veo que en cierto modo ese sentir era el que me embargaba en ese momento, aunque no estaba consciente de ello (en verdad, ni por asomo me acordé de esta canción en esos instantes).

El link va a una versión en vivo. Por dios que se ve guapo Vincent Cavanagh! (sorry, puede darme mucha pena la canción, pero no estoy muerta. Cuando tocaron en Chile usaba una camisa roja, parecida a esta... Ay, ya le resté dramatismo a la cuestión!).
http://www.youtube.com/watch?v=t5jJO0uLHek

Pensaba en mi padre

Hoy recibí un lindo y triste texto, y me quedé pensando en las palabras que me dijo hace un año mi padre. Ahora no las puedo recordar bien... esperaré unas horas y tal vez mi mente me permita viajar hacia ellas.

miércoles, 6 de junio de 2007

Un tormento en cada paso hacia el abismo

Este cuadro de penumbras es lo que mi vida envuelve. El frío silencio me aquieta, las sombras me rodean, los espacios se hacen enormes y vacíos, sin ecos ni risas.

Esta extinta alegría es lo que me queda. Ya no hay misterios por develar. Ya no está la magia de una mirada penetrante, ni las promesas de un deseo contenido por las circunstancias.

Conoció mi mundo privado, y la esperanza se transformó en desilusión. No fue suficiente el pozo profundo de mis sueños. Mis anhelos no encontraron respuesta, mi silueta pasó inadvertida; mis ojos aún claman por su mirada, pero sólo encuentran su indiferencia.

Soy un tormento en cada paso hacia el abismo, y temo caer, mientras las dagas de su olvido clavan su dolor en las sienes. Mis puños hieren mis mejillas, mi vientre se contrae con espasmos; sólo queda esperar que la angustia pase, y me permita respirar nuevamente.

Y al igual que tantas otras veces, soportar la certeza del desprecio por mis manos extendidas, esconder la cara y dejar morir en mi garganta mi voz y su nombre.

Amanda Cabot.
Junio 7 de 2007.
Se esfuma el destello que alguna vez hizo renacer fuego de las ruinas humeantes de mi alma.

El más importante en mi vida

Hacía tiempo que venía pensando que le debía un espacio al ser viviente más importante en mi vida en estos momentos, pero el crudo y descarnado relato de mi amiga Ursula Iguarán me hizo ver que éste es el instante preciso.


Voy a hablar de Gatoku.

Cómo no voy a adorar a este especimen, que me despierta cada mañana con sus gritos desaforados, como si lo hubiera dejado sin comida por una semana?


Que cada día se acuesta a mis pies, o a mi lado, o como ahora, en que tiene apoyadas sus dos patitas delanteras encima de mi antebrazo izquierdo, creyendo que es muy fácil escribir con semejante peso.

Que me da vuelta los maceteros y esparce la tierra sobre la alfombra del living.

Que esconde bajo mi cama tesoros, como un desodorante vacío, un perfume, un joyero... hasta mi celular terminé encontrando allí anoche.

Que bota el pocillo del agua, y luego camina dejando sus patitas marcadas sobre la lavadora.



Que se cuela en el baño cuando me distraigo, y desarma el rollo de papel higiénico. O se mete a la tina y dibuja una travesía hasta el lavamanos.



Que juega con mis pantys cuando cuelgo la ropa recien lavada, y esconde los perritos bajo el limpiapiés de la cocina.



Que se obsesiona con mis lápices de mina, y los esparce por toda la casa (tenía 3, ahora no sé dónde los dejó).

Que desarma los diarios, y rasga cuanta servilleta o pañuelo desechable queda a su alcance.

Que se estira en las esquinas, y arranca trozos del papel mural.

Que bautiza mis botas y zapatos con las marcas de sus uñas y colmillos.

Que se cuelga de las cortinas, y me espera escondido bajo una silla cada vez que vengo con una bandeja, para saltarme a las piernas y asustarme.



Que se instala frente al televisor cuando están dando un partido de fútbol, y sigue con la cabeza los movimientos de la pelota.

Que me sigue a todos los rincones de la casa.

Que me espera cada mañana junto a la puerta del dormitorio.

Que se acuesta sobre mi espalda cada vez que ésta me duele, y aplaca con sus ronroneos, como una especie de masaje express, las molestias del cansancio y los años.

Que empuja su cabeza sobre mi frente cuando ya no soporto la tristeza.

Que roza mi cara con sus patitas cuando las lágrimas no me dejan respirar.







Esta foto se la tomó mi hermano en la playa. No sé cómo logró esa cara de susto.

No quiero la sal, ni sus caricias de mentiras amables.


Cada vez que entra el aire en mis pulmones, duele. Cada vez que el frío golpea mis mejillas, tiemblan mis sentidos; la habitación da vueltas, y sólo puedo observar las líneas de mis sábanas perderse a la distancia.

Miro mis dedos, sutiles instrumentos del deseo, adormecidos y frágiles. Miro mis piernas; mi piel hecha jirones, las venas palpitando, pequeñas marcas de amores pasados y ruinas futuras.

No quiero la sal, ni sus caricias de mentiras amables. No quiero su voz aquietando mis temores. No quiero su mirada comprensiva, ni su gesto cariñoso, ni la tranquilidad de su paso lento y amigable.

Quiero su sangre. Quiero la angustia de su éxtasis irrumpiendo en mis heridas. Quiero su boca sedienta apagando la tortura en mi cuello húmedo. Quiero sus manos apoderándose de mis rincones, y su locura sin amarras enseñorearse de mi voluntad.

Quiero su alma envenenada a merced de mis abrazos. Quiero sus noches y sus desvelos; que mi imagen atormente su consuelo y lo someta a mi destino. Quiero ser diosa y esclava, figura y ternura, quiero complacer sus caprichos y morder su vientre con el ácido néctar de mi soledad.

Pero en la penumbra he de cerrar los ojos y volver a mi oscura guarida. El día y su gris esencia me aguardan, y otra vez olvidaré, como tantos otros ritos; quemaré mis silencios, y esperaré que el espejismo vuelva a clavar sus garras en mi ruta abandonada.

Amanda Cabot.
Junio 6 de 2007.
Y esperé… junto a una hoguera, viendo consumirse mis deseos y los últimos ecos de mis ensoñaciones más ingenuas.

lunes, 4 de junio de 2007

La pasión... en los labios del artista. II parte.

Estaba olvidando una de las canciones más bellas. Angelica, de Anathema. Cuando la escuché por primera vez en vivo y en directo en octubre del año pasado casi lloré. Literalmente. "Dónde estás, esta noche? Flor salvaje, en un cielo estrellado...". Nadie puede componer algo tan hermoso por una persona. No puedo creer que exista alguien que inspire algo así.

Era sólo una señal.

Cuando mis ojos se abran al fin, y sienta el aliento de la muerte correr a través de mis dedos, tal vez sea feliz.
Cuando la mañana abra sus pétalos en torno a mi rostro, y el frío sin pausas recorra mis huesos, y el color de la sangre abandone mis labios, tal vez suspire y sienta paz.

Era una vez. Era joven y celestial; mis manos se alzaban para acariciar una frente en llamas, mis corazas desaparecían junto con mis temores.
Volví a caer. Volví a sentir los cristales del terror en mi garganta, el anillo de silencio me encerró en una jaula, y grité el veneno, tragué mentiras, me ilusioné con la fantasía de mi cuerpo sangrando.

Mis párpados se cerrarán. Mi voz se extinguirá. Mis uñas no rasgarán las paredes.
El viento me traerá el eco de su risa, pero estaré perdida, olvidando su calor.

Amanda Cabot.
Junio 4 de 2007.
Era una señal; debía seguir la senda delineada, pero jugué a cambiar mi suerte. Otra vez.

La pasión... en los labios del artista.

A veces me pregunto qué define aquello especial que tienen algunas personas, si bien es una condición mística, genética, o lisa y llanamente una suerte del infierno, que las hace merecedoras de inspirar obras de arte, o no tanto, pero al menos de inducir a creadores a expresarse en su honor.

Canciones. Me encanta el rock, y sobre todo, las baladas (se me está cayendo el carné, pero no importa). Cuando me las di de cantante (hasta que a mi profe le dio depresión... espero que no haya sido por la calidad del alumnado) el 90% de la música que ocupábamos eran baladas rockeras. A lo que voy, no es de mi calidad vocal que quiero explayarme, es que siempre me ha dado por pensar en las personas que inspiran esas sentidas letras, más que en el autor.

Amanda, Boston. Sí, aparte de ser la culpable de mi pseudónimo 2.7, esa canción tan simple y bonita me estremece hasta los huesos. Trato de imaginar cómo sería esa dichosa Amanda, en qué detalle de su persona radicaría ese "no sé qué" culpable de inspirar una pasión tan repentina y abierta como la que en la letra se señala. El muchacho de verdad se siente enamorado, y se arriesga al todo o nada, que no pasará de ese día (mañana será demasiado tarde. Será por que le daría susto?) sin declarar su amor, y le dice "estás lista para mí?". Se tiene fe el hombre. Eso me gusta. Un chico que se la juega. Bueno, es tan romántica esa canción, que si algún día llego a tener una hija (cosa que al paso que voy dudo seriamente) le pondría ese nombre sólo para que se la dediquen.

Otra canción que me encanta es "What love can be" de Kingdom Come. En esta no se identifica a la persona amada en cuestión, pero se nota que el sentimiento es poderoso y desgarrador. Además con la vocecita que lo dice... Qué tendría de especial esa mujer que le hace implorar al chico que no lo deje ir?

Y la mejor de todas, jaja. Lilian, de Depeche Mode. Jamás pensé que en mi vida iba a encontrar una canción con mi nombre (lo siento, en realidad no me llamo Amanda), por lo que descubrirla me hizo subir un peldaño hacia la felicidad. Claro que esta otra Lilian (evidentemente no fui yo) era una maestra... tiene al autor comiendo de su mano. El pobre ya no tiene voluntad, por más que se lo proponga basta un simple movimiento de la susodicha, y cae redondito. Juro por dios que me gustaría conocer a esta tocaya y preguntarle cómo diablos lo hace. A lo mejor, en honor al nombre, me revela sus secretos...

En fin. Hablando en serio, quisiera saber dónde radica la magia. Qué es lo que une a estas mujeres (bueno, y hombres, en el caso de las canciones escritas por chicas), cuál es el ingrediente oculto que manejan en sus almas, que les hace brillar a los ojos de un artista, que crean e interpretan obras maestras en su honor.

Será tal vez que el veneno está en la sangre de quienes las miran?

domingo, 3 de junio de 2007

No estaba muerto... parece



Sin comentarios...

Dos historias... siempre pienso en ellas.

Esta tarde mientras intentaba dar un curso a mi existencia cotidiana vinieron a mi memoria dos historias que conocí en mi niñez, y que de alguna manera se quedaron grabadas en mi retina, aún no sé por qué.



La primera era una película de dibujos animados, no recuerdo ni por asomo el nombre. Ocurría creo que en China, durante una fiesta de esas en las que arrojan miles y miles de fuegos artificiales, y lo que sucedió fue que uno por algún motivo no estalló, y quedó clavado en el medio de un pantano. La gracia es que el fuego artificial era un personaje, con cara y carácter propios, y éste en especial era bien vanidoso. Todo el tiempo que pasó en el pantano se dedicó a hablar acerca de lo importante que era su rol en la vida, que era estallar con gran belleza y que todo el mundo lo admirara, y se burlaba por feos e insignificantes de los sapos, insectos, plantas y otros seres que estaban alrededor de él.



Finalmente por x razón, un incendio al parecer, no lo recuerdo, el fuego artificial se encendió, y feliz, se preparó al gran momento de su vida. Y claro, salió volando por los aires, hasta estallar. El detalle, eso sí, fue que era de día, y nadie lo vio.



La historia estaba contada como una especie de moraleja contra la vanidad. Pero nunca pude dejar de pensar en el pobre fuego artificial, cómo pasó su vida esperando el gran momento, que pasó inadvertido. Y la tragedia es que el sentido de su existencia era precisamente provocar un impacto, que lo vieran.



Otra historia que con mucha frecuencia viene a mis pensamientos es un cuento o novela que leí, del que para variar no retuve el nombre ni el autor. Era sobre una mujer, que en su adolescencia vivía en algo así como una pensión para estudiantes, y en ese lugar conoció al que sería el amor de su vida, un joven que alojaba allí. Desde ese momento su vida fue adorarlo, con la única salvedad que él nunca supo siquiera de su existencia. Pasaron así los años, él se tituló y abandonó la pensión, ella se transformó en una mujer, y nunca pudo dejar de amarlo. Incluso, una vez fue a una fiesta, y aprovechando el tumulto lo conoció, habló con él, y terminó haciéndole el amor (que suena cursi, cierto? corrijo, ella le hizo el amor, él tuvo sexo). Cuando a la mañana siguiente ella pensó que había vivido el momento más feliz de su vida, él amablemente le dejó un fajo de billetes en el bolsillo. Ella creyó morirse, le devolvió el dinero llorando, y salió corriendo. El se quedó con cara de imbécil, no entendiendo.



Quedó embarazada, y tuvo un hijo de aquel hombre. Si bien pensó por un tiempo que al menos fruto de su amor tenía algo valioso, no le duró mucho porque el niño enfermó gravemente. Acá es cuando me falla la memoria. No recuerdo si el pequeño murió, o estaba agonizante. El caso es que en esas circunstancias ella se atrevió y escribió una larga carta al hombre, contándole toda la historia de su amor, y diciéndole que tras la muerte del pequeño ya no le quedaba nada por qué seguir con vida, por lo cual se mataría. El hombre se sintió abrumado, y trató de buscar en sus recuerdos algo que le indicara quién era aquella mujer que había dedicado su vida a amarlo, y que él ni siquiera sabía de su existencia. Pensó que tal vez habría sido feliz si hubiese descubierto antes aquella verdad. Y se dio cuenta que no tenía cómo encontrarla y evitar que se quitara la vida.


Con cierta frecuencia me acuerdo de estas historias. Será porque ambas grafican de manera muy simple lo absurda que puede parecer a veces la existencia. O porque tendemos a pensar que de alguna manera las cosas milagrosamente se arreglarán, y todo tendrá un sentido, lo cual finalmente nunca sucede. No lo sé. Por ahora mi cabeza no funciona. Quizás en otro momento pueda definir qué es lo que me producen.



viernes, 1 de junio de 2007

Se fue Pinilla... y qué???

Sí, después de tanta alaraca, se fue Mauricio Pinilla de la U. Y qué?


Vino, hizo un par de leseras, vivió un tongo con el tema del pase, prometió que sería un ejemplo, descargó unas cuantas frases pal bronce con motivo del clásico (burlándose de la falta de léxico de los colocolinos), jugó un rato, se aburrió, y se fue.

O sea.

Mijo, a qué vino?


Me da lata este escenario. Hace rato que la U viene perdida, no está la mística, no está el respeto, no está el buen juego. Hay buenos elementos, pero falta algo que los aglutine.


Soy una dinosauria, lo sé, y quizás por eso extraño a la U que fue la base de la selección chilena que ganó el cupo a Francia. Debe ser porque fue la época en que iba con frenesí al estadio, pero no es sólo eso. Los jugadores tenían personalidad. Tenían un sello, y juntos eran como un todo.


Sería la solución que volviera Salas? Yo le tengo un cariño y un respeto enorme; quizás su liderazgo es parte de lo que le falta al equipo para motivarse.


Y creo que lo mejor que pudo pasar es que se convirtiera en sociedad anónima. Por más que grite el doctor, mal que mal él fue el que con sus burradas mandó la administración al carajo, y los pseudo líderes de Los de Abajo reclamen porque se acostumbraron a vivir creyéndose estrellas de rock por pegarle a un bombo.


Espero que la institución se convierta en una empresa rentable, que pague a sus trabajadores como corresponde, que invierta con visión de futuro, que genere recursos para promover el deporte entre los chicos y meta lucas en la producción de nuevos talentos. Y de pasadita, que dé utilidades a las acciones, de las cuales espero comprar aunque sea una mínima parte.


En suma, una U de la que una vuelva a sentirse orgullosa.