domingo, 11 de noviembre de 2007

Digo adiós.

Digo adiós.

A la penumbra que me inquieta, a los silencios de la noche incandescente. Al pasado, que me mira en la distancia. A los ojos que no me ven en la bruma.

Digo adiós.

A los sueños que cobijé en mi alma pagana. A las sonrisas del éxtasis, las frases al oído, al temblor de mis párpados acariciando su mirada.

De pie ante mi ventana me desprendo de toda la soberbia que ensombreció los colores de mis ilusiones.

Ya no soy hija de esta tierra extraña.

Y si el ayer volviera a encender el fuego en mis manos?

Sólo quedan el vacío de una noche sin estrellas y el recuerdo de la angustia carcomiendo mis entrañas.

No hay hoguera que alimente mis cenizas.

Escucharé el rumor de rutas viejas. Ellas me mostrarán mi nueva senda.

Las citas

Son un mal necesario de nuestra era. Un momento angustioso y molesto, pero que hay que pasar con la frente en alto y la mayor dignidad posible. Una cita. Qué cosa más rara!

A mi juicio no hay nada peor que cuando un par de amigos te consiguen un prospecto "interesante" con el cual, aseguran, te vas a llevar súper bien, y te inventan una salida para que el entorno haga lo que el destino y la casualidad no lograron: ponerte frente a un especimen y encandilarse con su onda.

Mal pronóstico. Ingers tuvo una cita de aquellas hace unos días, y me comentó que no estaba ni por si acaso emocionada. Que no tenía ganas de nada. Mejor, le dije, así no tienes expectativas, te relajas y lo pasas bien sin preocuparte de caerle en gracia al muñeco.

Dicho y hecho. Me comentó que bastó echarle una mirada de reojo cuando subió al auto en que la pasaron a buscar para darse cuenta que el joven no tenía un ápice de atractivo para ella. Así que se dio cuenta al poco rato que estaba hablando como loro, ya que no le importaba impresionarlo.

Más encima el niño caía en la categoría de especimen; venía saliendo de una separación, y buscaba a una chica buena que le reordenara la vida, lo que a mi juicio es una patudez. Cómo pretender que aparezca de la nada una mujer seria, regia, honesta y responsable y se haga cargo de su felicidad, la misma que él no fue capaz de lograr?

Ahí es cuando me doy cuenta que el amor y las relaciones de pareja están sobredimensionados. Existe la general idea de que en el mundo existe "alguien" esperando encontrarse con uno (el tradicional mito de la media naranja... por qué se les habrá ocurrido ese fruto tan ácido?) para darle la felicidad. Mentira!!!

Eso es imposible. En esta sociedad en que estamos todos medio enfermos, de melancolía, de estrés, de soledad, lo que menos tenemos es felicidad y bienestar. Cómo podría uno esperar que exista un ser inmaculado, que no esté herido ni dañado por males varios (como desilusiones anteriores, por ejemplo), que le dé luz a la vida y por ende la felicidad?

Qué esperamos, en el fondo, del hecho de estar con una persona? Recibir? Dar? Desbordar? me da la sensación, y lo digo por experiencia, que terminamos haciéndonos cargo del bienestar de otro, asumiendo la responsabilidad de su dicha, muchas veces a costa de nuestra propia realización, obteniendo como paga una dudosa sensación de "ser amado".

Pero como las reflexiones no bastan, seguiremos acudiendo, perfumadas y arregladas, a cuanta cita nos inviten. Por si esta vez sí que sí le damos el palo al gato. Por si, en una de esas, la mala suerte se hace la lesa y nos permite un destello de emoción. Por si los santos nos dieron una mano y nos mandaron (por fin!) a un prospecto de verdad bien aspectado.

viernes, 9 de noviembre de 2007

En un instante...

En un instante me sumergí en la clara devoción de mi alma mirando el vacío. Sin mente murmurando, sólo mi rostro asomándose a la lluvia y el viento, libre de ideas, y de sueños.

En un momento me fundí con la tarde y sus colores vívidos. El aire se impregnó de una esencia misteriosa, y fueron voces de otras eras las que susurraron en mi oído.

Un trueno sonó a la distancia. Y fui feliz dejando correr las gotas por mi cara.

Amanda Cabot.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Qué más puedo perder!

Qué más puedo perder!

Si ya lo di todo. Mi sangre, mis desvelos, los colores de la aurora resbalando sobre su faz dormida...

Si ya perdí en un vacío imaginario mi pudor y mi vergüenza. Si los sueños se quemaron en la hoguera de mi piel herida, y el fantasma de la locura se asomó más de una vez por mi ventana sin cerrar.

Si las horas dibujaron surcos en mi rostro, y dejé olvidados en su refugio el calor de un abrazo y las mentiras eternas que tanto me gusta escuchar.

Qué más podría perder!

Las plegarias a la luz de una vela, mis propios labios recorriendo los pliegues ocultos de su cuello...

Los silencios quietos, los susurros, la bendita sed de su alma devorándome.

Qué más!

Si ya no quedan lágrimas ni santos a quienes rogar por mi suerte. Mi maldita suerte.

martes, 6 de noviembre de 2007

Embalaíta y enrollá

Así me dijeron hoy que era. Que ya me habían sacado la foto completísima.

Y creo que ahí está la raíz de todos mis males, al menos de los actuales. Como suelo embalarme con lo que me entusiasma (puede ser un chico de turno, el tema para una crónica, o el sueño de la casa propia) tiendo a acomodar las cosas a mi soberana voluntad, y claro, en mi mundo paralelo a lo mejor las cosas funcionan así, pero no en el planeta tierra, por lo tanto, costalazo seguro. Y ahí quedo. Lamentándome por mi mala suerte, o metida en un forro que ni un abogado me puede sacar (confío en que Baghavan y San Expedito lo logren...).

Enrollada. Qué cierto es eso! Como en mi mundo paralelo las cosas son diferentes, frente a cada situación comienzo a analizar distintos tipos de parámetros, a ver si con alguno le achunto. Generalmente con ninguno. Así que me dedico a pensar y sufrir por conflictos imaginarios, hasta que algo sucede que me trae a la realidad.

Una vez llamé a un chiquillo que me interesaba, y como en su casa primero me preguntaron quién era y después me dijeron que no estaba, me pasé la película de que el príncipe en cuestión había dejado dicho que si yo lo llamaba me lo negaran. Y me enojé. A tal punto que cuando lo encontré en el msn lo reté, dando por hecho que así había sido.

Recuerdo que cuando era más chica me pasaba todos los rollos con las cosas malas que podían pasar frente a X situación, a fin de que como ya me la había imaginado, no sucedería. El problema comenzó cuando no sólo sí sucedían las cosas malas, si no que a veces hasta pasaban otras más insólitas, que de puro rebuscadas ni yo me las había imaginado. Menos mal que dejé de lado esa práctica insana.

Así que ahora le hago caso a Osho, y vivo cada momento tratando de no tener mente, o en estado de no-mente. Es decir, tomar las cosas como vengan, total, con sufrir por anticipado no voy a mejorar nada.

Y como me dijo mi amigui Paz hoy, para qué quitarte el gusto de una situación que te tiene contenta imaginándote todo lo malo que puede pasar. Total, nadie te asegura que pase.

Claro que no es fácil, sobre todo cuando te han pasado las cosas más extrañas y estúpidas que uno se pueda imaginar...

Creo que será mejor asumir que soy así, embalada y enrollada, y nada, vivir con eso. Si alguien lo aguanta, y es capaz de ponerme los pies en la tierra de vez en cuando, bienvenido sea. Si no, obligada a ponerme bien india y ante todo decir "no entiendo", a fin de que me expliquen con peras, manzanas y toda la fruta necesaria antes de firmar cualquier papel, aunque sea un autógrafo.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Aterrizando

Me parece escuchar la dulce y aguda voz de mi madre diciéndome: "Lily, pon los pies en la tierra!". Qué le vamos a hacer, si mi espíritu nació para volar... lo malo es que continuamente me pierdo en alturas desconocidas, o con más frecuencia, me pego costalazos en algún roquerío salido de la nada...

Quería comprarme un jeep (cuando se solucione toda esta teleserie leasing v/s lily), pero entre vuelta y vuelta asumí que me puedo ver igual de taquillera en una camioneta. Total, la estampa y el garbo me acompañan hasta en las situaciones más ridículas.

Pero claro, la princesa quería una camioneta pirula, así que me puse a mirar en la calle y llegué a la determinación que la Chevrolet S10 Apache era la solución perfecta! Grandota, bonita, robusta... ya me veía surcando los cerros y atravesando bosques en una máquina como esa.

Hasta que escuché en mi cabeza las sabias palabras de mi madre. Es verdad. No sé cómo saldré financieramente parada de mi aventura legal (ojalá que el abogado que me recomendaron se apiade y cambie servicios por sonrisas y pocas lucas), y hasta es posible que después de pagar deudas y demases quede con una mano por delante y otra por detrás. En realidad espero que no, no puede ser tan injusta la vida (mal que mal me he descuerado trabajando hartos años), pero obligada a poner el freno de mano, y aferrarme a la opción que me da la vida: la siempre fiel Chevrolet Luv.

No me gustaba, porque le encuentro mucho aire de maestro contratista, pero obligada a verle el lado amable. Mal que mal, no me puedo dar el lujo de andar en 1 sola cabina. Tengo un gato, dos padres y una perrita que acarrear, así que doble cabina se ha dicho no más (adiós Montana, eres bella, pero no has sido hecha para mí). Por valores creo que alcanzo el rango, más menos año 2000. Y por último, me aguantarán completar el valor con un par de cheques locos, o no faltará el pariente amable que me haga un módico préstamo... aunque no quiero más deudas, por favor!

Lo que más anhelo es poder cerrar este circuito de manera digna, que nunca más me llame una ejecutiva de cobranza al celular que le pasé a mi madre (la gente de Jumbo Más aún no logra entender que ese fono ya no está en mi poder, y encontraron que la mejor manera de torturarme es mandarme recados con mis progenitores), que pueda recoger mis pilchas y virarme con la conciencia tranquila de que no le debo un peso a nadie, y dedicarme a pasar las tardes relajándome y mirando menores de edad sobre las olas.

Eso sí que es descanso! Y creo que me lo merezco. Este año ha sido harto macabro, y de hecho ya se está candidateando como el peor de la historia. Sacando de la ecuación todo lo que he comprendido de mi misma, la humanidad, la vida y la trascendencia, ha sido bien como el forro este período. Quienes me conocen saben que lo he pasado malito (salvo un par de honrosas excepciones de verano), y humildemente creo que el destino me debe una revancha. Veremos si en mi tierra pseudo natal me la gano, atravesando cerros y caminos de tierra a bordo de una increíble y bella Chevrolet Luv Luv Luv.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Ahora que la escena ha muerto

Ahora que la escena ha muerto, que mis manos sólo reflejan el candil cerrado de una ilusión que desaparece, quisiera desvanecerme y flotar en la ventisca.

Esta tragedia comienza su fin. Ya no hay misterios enterrados en vasijas milenarias, ni ecos de lágrimas y suspiros. Ya todo acabó, y no hay aplausos que enmarquen este momento triste y agónico.

Y mis pasos se irán por la colina, y ya no sabré cuál es su rumbo. No me atreveré a levantar la mirada, por si encuentro otros ojos, profundos como aguas sin años, o transparentes como los de un hombre alado.

Ya no podré creer en la voz de los mortales. Todo canto me sonará a mentira y frases de olvido. A qué venir y encender pasiones, si el cristal se romperá y de mis venas brotará fuego y tormento?

Dirás alguna vez mi nombre?

Será mi imagen amiga y presencia en tus noches desveladas?

Por qué sigo haciendo preguntas sin sentido?

Sólo debo marchar, y dejar que el telón caiga a espaldas de mi absurda y melancólica obra.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Rayenmawida

Estoy totalmente engrupida con eso de la ascendencia mapuche. Feliz. Y me pongo nerviosa de pensar que quizás rastree a mis antepasados y no encuentre la fuente de sangre pura hasta muchas generaciones atrás.

Así que estuve investigando, y decidí que mi nombre en mapudungun es Rayenmawida, que significa "flor del cerro". Ya que me iré a vivir dentro de poco a la punta de un elevado promontorio boscoso, creo que el nombre es bien acertado.

Estoy puro inventando. Capaz que la traducción esté mal hecha, pero no importa, yo estoy feliz de que además de mi vida anterior en la ciudad luz, cuento con mis ancestros originarios, que corrían por los bosques (me imagino haciendo qué) y se asentaron en el secano costero.

Tremenda mezcla! Que los alemanes, que los italianos, que los mapuches... ya no sé ni quién soy. Bueno, eso sí lo sé, pero de repente como que se me olvida, y empiezo a hacer tonteras de nuevo.

A ver si con el paso de los días voy encontrando más pistas. Alguien sabe cómo se diría "Piedras de río" en mapudungun?

Amanece.

Esta noche el mundo está de fiesta, y yo miro por la ventana, como una sombra sigilosa, como un espíritu en penumbras.

De mis manos caen esferas. No tienen color, son restos de naufragios lejanos, de aquellos que en sus horas extintas me hicieron temblar de placeres indefinibles, de miradas ausentes, del murmullo cruel de tierras abandonadas.

Esta noche el mundo enloquece, y me tapo los oídos, sospechando que algo se acerca, unos pasos, unas palabras.

Pero el ritmo de tambores a la distancia enmudece. Mi piel deja de sufrir, y mis labios vuelven a ser rosados.

Amanece. Y yo sigo viva.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Telarañas, sueño con telarañas...

Pensé que esta mañana no podría moverme. Que mis pies no responderían, y que mi cabeza estaría llena de ruido y confusiones.

Pero aquí estoy, impecable, lista para rememorar una de las noches más entretenidas que recuerde del último tiempo.

Ayer fui a Soda!!! Y por lo que veo, el show en el que estuve fue mejor que el primero, al que asistieron los más fanáticos (y más pegaditos al clan de los ochenta... yo soy noventera, je).

A diferencia de la mayoría de la gente que conozco e iba, yo estaba total y absolutamente relajada con el tema. Me sabía todas las canciones (tuve todos los discos en mi casa, aunque cuando mi hermano se casó perdí), y no quise escuchar ni una sola antes. Quería vivir la experiencia del retorno en su totalidad en el concierto mismo.

Mi cuñada me sorprendió días antes con su tremenda capacidad logística para organizar gente y movimientos. Al final me pasó su auto, y anduve de chofera, pero feliz por manejar de nuevo.

Tras llevar a la Vale a la casa de sus abuelos (todo fuera por la tranquilidad de mi amiga Paz), nos fuimos a estacionar al depto. de la chica, la mejor amigui de mi cuñadita. Y ya que nos atrasamos y ella se había ido con su hermano, dejándonos debidamente recomendadas al conserje, no hayamos nada mejor que pasar a tomar oncecita a una esso market. Qué rico estaba ese barros jarpa!

Al final mi cuñada llegó antes que nosotras al estadio, con su gorrito de souvenir incluido, y ahí nos reunimos con ellos y algunos amigos de Paz, entre ellos la Negra Laura, que tuvo a media galería con ataque de risa antes y durante el concierto.

Qué bueno estuvo! Sonó impecable, y me lo bailé todo! Tuve un show personal, y me dediqué a fustigar a todos los viejos que a mitad de concierto ya estaban sentados. Todos mulas! Hasta a la Loly y a Andrea les tocó parte de mis reclamos (en realidad parece que ando un poco gruñona. Será una consecuencia del celibato?).

Me di el gusto de redescubrir sus canciones. Como todas las conocí en mi juventud primera me las sabía al revés y al derecho y las cantaba sin asumir bien qué diablos estaba diciendo. Pero ahora las fui sintiendo, y percibiendo lo que realmente habían querido decir los muchachos. Eso fue un detalle que me dejó un gustito más que agradable.

Paz se reía de mí mientras cantábamos Imágenes Retro. Nunca pensé que me iba a llegar tan a fondo la expresión "telarañas...".

Ah! y la Loly se dio el gusto de reirse de mí en "Trátame Suavemente", dedicándome su canto en la parte que dice "te comportas de acuerdo con lo que te dicta cada momento". Qué me habrá querido decir?

Después no me dio el cuero para ir al carrete de mi amiga Paz. La fui a dejar y me fui para la casa con mi cuñada. Pero feliz. Hacía rato que no lo pasaba tan bien, me olvidaba de todo y me dedicaba a cantar y bailar!

Yo había visto dos veces antes a Soda. La primera fue al salir de 4to medio, en el verano de 1993, que con la Ale Sandoval nos fuimos a Talcahuano a verlos, en una jornada memorable en que pagamos galería y terminamos instaladas en la cancha, a 4 metros de Cerati.

La otra vez fue el 95 (creo), en que a la salida me encontré con mi hermano, que fue a buscar a su entonces polola Ximena. Recuerdo que en esa oportunidad el hijo de Cerati era un bebé, y se subió al escenario a saludar a su papá. Cuando toda la gente reaccionó, el pequeño se asustó y corrió a los brazos de su mamá.

Ahora ya me quedo con un arsenal de buenos recuerdos, a ver si en 10 años más se les ocurre volver a darse una vueltecita por estos lados.


El guapo de la jornada. De los tres, diría que es el mejor conservado. Se nota que ha hecho buen trabajo de pesas. Así da gusto que se mantenga un hombre. Grande Zeta!

martes, 30 de octubre de 2007

La hija cacho.

Siempre he pensado que los hijos son cachos de por vida. Que no existe eso de que el retoño crece, madura y se independiza. Mentira. Lo más probable es que recurra a sus padres cada vez que necesite niñera para una salida furtiva, sin contar las innumerables oportunidades en que uno se aprovecha de su buena voluntad para trámites varios.

Pero ahora me di cuenta que soy un cacho tremendo. Que por dármelas de independiente me he mandado más de un pastelazo, con insospechadas consecuencias, y que a las finales siempre termino recurriendo a mis progenitores por último para el apoyo moral necesario para salirme del lío.

Punto a favor es que no salí con el famoso domingo siete antes de tiempo (ni después tampoco), que siempre fui una estudiante sobresaliente, y que me destacaba en casi cualquier actividad que emprendía.

Más nada es suficiente... el domingo hablábamos con mis padres sobre mi particular situación del momento (que me tiene complementando mis tratamientos con reiki y flores de bach, todo sea por mi salud física y mental), y de pronto en tono de broma les dije:

"No, si la solución es que me encuentre a un marido solvente, un profesional bien establecido, que se preocupe de los gastos y así me dedico a escribir con toda tranquilidad".

Fue una chanza, una talla del momento. Pero mi padre me miró con una expresión casi de felicidad, y me recomendó que cuando me haya instalado en mi nueva casa (si todo sale bien, of course) me busque un huaso con plata y asegure mi futuro y el de mi descendencia.

No supe si reirme o ponerme seria. Por lo visto todos mis votos de independencia y autonomía no han servido de mucho. Tal parece que mi mundo paralelo es DEMASIADO alternativo, y no sirvo para vivir en el mundo real si no es protegida por un macho proveedor. Será así de terrible? Me niego a asumirlo. Sólo que deberé tener presente que soy una hija cacho de categoría especial, y que mejor recurro a los sabios consejos de mis padres antes de dejarme llevar por mis múltiples impulsos y me mande otra embarradita.

lunes, 29 de octubre de 2007

Amanda Cabot sale al mundo...

Qué chistoso. Tengo una hermosa noticia para contar y no hay nadie disponible para escucharla. En fin. El caso es que he dado el primer paso en mi consolidación como escritora de renombre mundial. Me acaban de avisar que estoy preseleccionada para la publicación de un libro compilatorio de poesía en Argentina.

Claro que como nada es perfecto, si quiero seguir en carrera debo dar un aporte módico para que mis hermosos versos salgan publicados (igual no es mucha plata), y eso me da derecho a salir y recibir algunas copias del libro. De ahí sigo en la pelea.

En realidad yo sé que nada en esta vida es gratuito, y no encuentro que sea mala inversión para mi curriculum. Además la premiación y lanzamiento del compilado es a fines de marzo del otro año, fecha en la que justo pretendo visitar la hermana república de la Argentina para ir a cotizar y finiquitar en terreno la publicación de mi libro "Piedras de Río", que pretendo pagar con la devolución de impuestos. Así que no estaría malo.

Creo que haré unas averiguaciones respecto de la seriedad de la Editorial Nuevo Ser (la del concurso) y si es así, y me confirman, le daré el visto bueno e invertiré en mi carrera literaria. Total, viviendo en Pichilemu, si no me convierto en escritora de verdad es porque no tengo talento.

sábado, 27 de octubre de 2007

Vamos Chile, que se puede!!!

Me bajó la nostalgia. Estaba degustando un rico té hace pocos minutos, y de pronto se me vino a la memoria una conversación veraniega con Pete, el dios griego inglés. A él le gustaba mucho el té, y yo pensé que mi humilde Club Ceylán le iba a parecer un desastre comparado con la variedad a la que debía estar acostumbrado, pero no, estaba feliz.

Eso me llevó a rememorar una mañana de domingo, en que ya hartos de tanto carrete y juerga (me tomé en serio eso de mostrarle Santiago) nos dedicamos a flojear. Chile jugaba la Copa Davis contra no sé qué país (nunca sé contra quienes jugamos, y si estamos en el grupo mundial o aspirando a), y como él dormía hacía barra con lenguaje de signos y exclamaciones ahogadas.

Finalmente el joven no estaba dormido, si no que se moría de la risa al ver mis esfuerzos por contener la pasión deportiva, así que se dedicó a ver el partido conmigo. Relataba Solabarrieta, y fueron tantas las veces que dijo "Vamos Chile que se puede", que Pete terminó aprendiéndose la frasecita y alentando al equipo en mi nombre, pese a que le costaba un mundo entender el español de los chilenos (hablamos muy rápido y nos comemos muchas letras).

A eso de las 5 de la tarde terminó el partido, Chile perdió, y nos fuimos al Cajón del Maipo a consolar por la derrota.


Con este modelito me paseé por Santiago en febrero. Esta foto se la saqué en la Piojera, antes de tomarnos unos terremotos. Nunca antes me había parecido tan interesante mi ciudad como hasta ese momento. Vamos Chile, que se puede!

Una cita... qué cosa más rara!!!

Hacía demasiado tiempo que no me encontraba en esta situación. Tanto, que no recuerdo cuándo fue la última vez.

Esta noche tengo una cita, y con un chico al que apenas recuerdo. Tuve que recurrir a mi amigui Paz para que me confirmara que el joven en cuestión era el mismo que se aparecía en mi retina.

Qué chistosa es la vida! Ahora que no me interesa mucho andar saliendo y andando sonriente por la vida me llueven los convites! Anoche me remorí de la risa en una obra de teatro muy freak. Fue como una especie de risaterapia. Incluso por un momento sentí que se me olvidaba la realidad, las angustias, las carreras y los portazos del metro. Sólo reí, y cuando más ganas tenía de seguir, la obra se acabó. Bu! Más encima me vinieron a dejar a la casa... qué más Lady!

Así que mi humanidad esta noche será una pirinola (supongo). Mi amigui también tiene una cita, así que trataremos de coordinarnos para encontrarnos en el mismo lugar y prestarnos ayuda en caso necesario (aunque ella me aclaró que no sería mi chaperona).

Así sea! Quizás mañana tenga otra historia absurda para reirme un poco.

jueves, 25 de octubre de 2007

Por qué existen los jueves?

No me gustan los jueves. Siempre, desde que tengo memoria, ha sido el peor día de la semana. Cualquier cosa negativa, problema, contrariedad, disgusto, que una tuviera que pasar, sucedía un jueves.

Esta mañana Gatoku tuvo deseos de jugar a eso de las 5 am, y por ende, no encontró nada más gracioso que despertarme con sus maullidos para hacérmelo saber. Entre vuelta y vuelta, cerrando la puerta, escuchando el matutino movimiento del vecindario, me dieron las 6.45. Bastó que pensara en levantarme y poner fin a ese matinal tormento, para quedarme dormida y pasar de largo hasta las 9.20. El único problema es que a las 11.00 debía estar en Las Condes para una reunión. Y yo mareada, sin poder moverme!

Cuando finalmente me metí a la ducha, hice mis deberes y logré salir de la casa, iba con 15 minutos de retraso, situación de por si estresante cuando te ha costado un mundo encontrar al ejecutivo y fijar la entrevista.

Metro de Santiago. Lo que antes era una maravilla, ahora se ha vuelto una incomodidad. Son tan escasos los asientos que encontrar uno amerita una lucha sin tregua para apoderarse de él. Como hoy es jueves no encontré ninguno, así que asumí que aún soy joven y me aferré a un pasamanos. Estaba en eso cuando el ejecutivo en cuestión me llama, pidiéndome que posterguemos la reunión para el lunes, ya que esta mañana lo habían comprometido en unas gestiones y no podría atenderme como merezco. Tomé aire, sonreí con la mejor de mis intenciones, y me dispuse con calma a enterar los trámites bancarios que haría después de la reunión.

Nuevamente suena el teléfono, y esta vez era la respuesta a mi gran interrogante de los últimos días. Negativo. Mis mejores deseos, que tengas suerte. Inmediatamente llamé a mi amiga de El Mercurio para que confirmara el aviso en los clasificados (el mismo que debió salir hace dos semanas y por esos misterios de la vida siempre hay una excusa para no publicarlo).

Tomé aire, pensé que todo pasa por algo, y me dispuse a bajar del metro en Tobalaba, Estación Terminal, donde todos los pasajeros deben descender. Insospechadamente la puerta se cerró mientras desalojábamos, golpeándome con dureza en el brazo izquierdo (tengo ahora hinchado y con hematomas) y dejándome atrapada en el carro por unos instantes. Ya a estas alturas me parecía insólito que mi día jueves fuera tan cargado a la negatividad, y no quise perder tiempo convirtiéndome en una más de los querellantes contra el Transantiago.

Menos mal que en el banco me fue bien! Hice todas las gestiones, estuve mucho tiempo, lo que me retrasó para mi siguiente reunión, en la Clínica Alemana. Nuevo llamado, avisando que compromisos posteriores dejarían mi cita para otra oportunidad.

Aproveché de pasar al Hotel Radisson a saludar a unos ejecutivos argentinos que se encontraban en un evento, pero la hora de finalización no llegaba nunca, y me aburrí de esperar. Me fui a mi otro banco a solucionar un inconveniente con mi Redbanc, lo cual no pude hacer porque mi ejecutiva estaba ocupada con uno de esos clientes eternos que no la sueltan nunca. Decidí irme, y mascullando mi rabia por el día tan poco productivo, me dirigí a la penúltima reunión del día, decidida a volver a mi casa lo más rápido posible y meterme a la cama, a fin de que esta jornada infernal terminara pronto.

Siempre han sido malos los jueves, pero esta vez fue demasiado. Si hasta morada y adolorida estoy! Necesito con suma urgencia que mis gestiones lleguen a feliz término, para poner fin a mi vida de peatona y volver a surcar las calles manejando mi autoku.

Espero que esta noche Gatoku se porte como un animal decente y me deje dormir, si no, terminaré arrojándolo por el balcón.