De dónde viene ahora este desaliento, este dolor por una voz callada desde hace tiempo?
Por qué se cuela en el misterio de mis sueños, y me hace creer que aún lo espero?
Sé que nunca tendré su dicha.
Sé que sus palabras para mí están ahogadas.
Quisiera el destino dejar de atormentar mi garganta!
Olvidar... qué largo es el camino! Olvidar... qué inútil mi resistencia!
Una vez más me cubre la sombra de un delirio en vuelo.
Callaré mis opciones. Ni siquiera tengo derecho a una última caricia en mi rostro.
domingo, 15 de junio de 2008
Cómo explico al mundo...
Cómo le explico al mundo que el alma se resquebraja, que los labios tiemblan, que el anuncio de una dicha se extingue entre voces sin coros?
Cómo se cierran las puertas de un desierto malherido?
Calla el silencio; se cortan las cadenas de ilusiones.
Cómo se cierran las puertas de un desierto malherido?
Calla el silencio; se cortan las cadenas de ilusiones.
lunes, 9 de junio de 2008
Mis párpados caen...
Mis párpados caen...
Ya no quieren esperar, embriagados de ilusiones, a que el aliento de la noche traiga nuevas palabras de senderos desconocidos.
Ahora saben qué se oculta tras el éxtasis y la distancia.
Mis ojos se limitan a delinear las siluetas de lo ajeno.
Quedé envuelta en el sudor de otros placeres; me sumergí en la gloria, como paloma ardiente, presa de mis propias desdichas olvidadas.
Mi ruina no se extingue con la aurora.
Cabalda desde lejos; como rey embravecido se adueña de mi alma, y no me queda más que ver la destrucción como si a otras tierras llegara.
Cuántas noches más deberé perder antes de recuperar mi espíritu?
Cuántos silencios serán las sombras que acompañen mi sueño?
Ardua es mi ruta. Déjenme al menos conservar mis ropas.
Ya no quieren esperar, embriagados de ilusiones, a que el aliento de la noche traiga nuevas palabras de senderos desconocidos.
Ahora saben qué se oculta tras el éxtasis y la distancia.
Mis ojos se limitan a delinear las siluetas de lo ajeno.
Quedé envuelta en el sudor de otros placeres; me sumergí en la gloria, como paloma ardiente, presa de mis propias desdichas olvidadas.
Mi ruina no se extingue con la aurora.
Cabalda desde lejos; como rey embravecido se adueña de mi alma, y no me queda más que ver la destrucción como si a otras tierras llegara.
Cuántas noches más deberé perder antes de recuperar mi espíritu?
Cuántos silencios serán las sombras que acompañen mi sueño?
Ardua es mi ruta. Déjenme al menos conservar mis ropas.
domingo, 8 de junio de 2008
Iluminata
Sólo queda morir para el pasado, dejar que el dolor se ensañe como mil agujas desgarrando mi carne, hasta que ya no sienta nada.
No quiero mirar atrás. No tiene caso; a qué acumular una y mil caídas como piedras que cabalgan sobre mi espalda. Mejor olvidar; olvidar que la luna brillaba, olvidar los contornos del amanecer en una ventana pequeña. Olvidar la canción improvisada, el brillo en la mirada, y las dulces palabras que se vertieron como veneno por mi sangre desbocada.
Sólo queda dejar que el tiempo pase, que mi memoria sea cada vez más estrecha. Sin pudor, sin vergüenza; después de todo, sólo queda aprender que los sueños y las ilusiones nunca se hacen realidad.
Esta vez puedo correr sin temores a esconder mis lágrimas. No habrá más alivio para la angustia de mi pecho que el sonido eterno del mar embravecido. No habrá llamadas, ni huellas de pasos que busquen mi sendero. Moriré al pasado, como cada día perece en los brazos de la noche que le sigue.
Mi corazón ya no resiste más remiendos. Tal vez sólo deba dejar que se aniquile, y que nazca de nuevo, cual fénix ligado sólo a su grandeza. Tal vez la respuesta sea dejar de latir, convertirse en polvo y arena, hasta que un nuevo aliento de vida suspire en mi alma, y me traiga de vuelta, ajena al desconcierto y la tristeza.
Quizás es la ruta que debo tomar para ser libre de verdad.
No quiero mirar atrás. No tiene caso; a qué acumular una y mil caídas como piedras que cabalgan sobre mi espalda. Mejor olvidar; olvidar que la luna brillaba, olvidar los contornos del amanecer en una ventana pequeña. Olvidar la canción improvisada, el brillo en la mirada, y las dulces palabras que se vertieron como veneno por mi sangre desbocada.
Sólo queda dejar que el tiempo pase, que mi memoria sea cada vez más estrecha. Sin pudor, sin vergüenza; después de todo, sólo queda aprender que los sueños y las ilusiones nunca se hacen realidad.
Esta vez puedo correr sin temores a esconder mis lágrimas. No habrá más alivio para la angustia de mi pecho que el sonido eterno del mar embravecido. No habrá llamadas, ni huellas de pasos que busquen mi sendero. Moriré al pasado, como cada día perece en los brazos de la noche que le sigue.
Mi corazón ya no resiste más remiendos. Tal vez sólo deba dejar que se aniquile, y que nazca de nuevo, cual fénix ligado sólo a su grandeza. Tal vez la respuesta sea dejar de latir, convertirse en polvo y arena, hasta que un nuevo aliento de vida suspire en mi alma, y me traiga de vuelta, ajena al desconcierto y la tristeza.
Quizás es la ruta que debo tomar para ser libre de verdad.
Esta vez...
Esta vez quisiera llevar mi alma al lugar sin memoria, donde las piedras del pasado ya no importen, y sólo existan mis huellas borradas en la arena.
Dibujar surcos sobre mi piel herida...
Que sea el viento quien recoja mis plegarias. Ya no habrá fondo, ni testigos; me marcharé envuelta en un halo de plata, y mil espejos reflejarán mi nombre en la oscuridad.
Esta vez quiero sellar mis labios con una canción decepcionada; mis dedos sólo vagarán sobre la superficie inmaculada de nuevos papeles para grabar silencios y murmullos.
Dicen que el dolor sólo cava hondos surcos en el alma, y entre más profundos, más amor pueden contener.
Sólo me pregunto, entre una y mil caricias desplomadas, si habrá un mañana en que mis ojos no sangren, si mi corazón se enfriará y sólo responderá con sonidos en las piedras. Si mi cabello caerá, y los sueños jamás se harán realidad.
Después de todo, cómo podría creer que serían ciertos?
Dibujar surcos sobre mi piel herida...
Que sea el viento quien recoja mis plegarias. Ya no habrá fondo, ni testigos; me marcharé envuelta en un halo de plata, y mil espejos reflejarán mi nombre en la oscuridad.
Esta vez quiero sellar mis labios con una canción decepcionada; mis dedos sólo vagarán sobre la superficie inmaculada de nuevos papeles para grabar silencios y murmullos.
Dicen que el dolor sólo cava hondos surcos en el alma, y entre más profundos, más amor pueden contener.
Sólo me pregunto, entre una y mil caricias desplomadas, si habrá un mañana en que mis ojos no sangren, si mi corazón se enfriará y sólo responderá con sonidos en las piedras. Si mi cabello caerá, y los sueños jamás se harán realidad.
Después de todo, cómo podría creer que serían ciertos?
viernes, 6 de junio de 2008
Recuerdos para atesorar
Qué somos? Pocos instantes atrás me enfrasqué en una conversación con una amiga sobre personas que ambas conocemos, y con las que nos ha tocado trabajar. Me comentaba sobre alguien "¿sabes? como jefa es pésima, pero es una linda persona".
No puedo aceptar eso. Es decir, no creo que seamos una multiplicidad de personalidades alojadas por horas en un soporte llamado cuerpo. Cumplimos roles, es cierto, pero en el fondo somos sólo 1 persona. No podríamos ser una persona como trabajadora, otra como amiga, otra distinta como amante... al final del día, con cuál te quedas? Cuál es la real?
Si utilizamos valores distintos para actuar de acuerdo a la "persona" que actúa en ese momento, cuál es el valor verdadero? En qué momento somos auténticos, y cuándo comenzamos a actuar falsamente?
Sería todo distinto si dejásemos de lado las superficialidades y los roles que se apoderan de nuestra individualidad, y en vez de ser muchas personas en un cuerpo seamos realmente un ser humano, completo e íntegro, que actúa de una forma congruente en las distintas esferas de su vida?
Tal vez hemos actuado demasiado tiempo como seres humanos divididos. Ya va siendo hora de atrevernos a ser quienes somos, en todo momento y lugar. Total, la vida se escapa muy rápidamente; qué recuerdos queremos atesorar para cuando seamos viejos?
No puedo aceptar eso. Es decir, no creo que seamos una multiplicidad de personalidades alojadas por horas en un soporte llamado cuerpo. Cumplimos roles, es cierto, pero en el fondo somos sólo 1 persona. No podríamos ser una persona como trabajadora, otra como amiga, otra distinta como amante... al final del día, con cuál te quedas? Cuál es la real?
Si utilizamos valores distintos para actuar de acuerdo a la "persona" que actúa en ese momento, cuál es el valor verdadero? En qué momento somos auténticos, y cuándo comenzamos a actuar falsamente?
Sería todo distinto si dejásemos de lado las superficialidades y los roles que se apoderan de nuestra individualidad, y en vez de ser muchas personas en un cuerpo seamos realmente un ser humano, completo e íntegro, que actúa de una forma congruente en las distintas esferas de su vida?
Tal vez hemos actuado demasiado tiempo como seres humanos divididos. Ya va siendo hora de atrevernos a ser quienes somos, en todo momento y lugar. Total, la vida se escapa muy rápidamente; qué recuerdos queremos atesorar para cuando seamos viejos?
miércoles, 21 de mayo de 2008
Y flotar...
...y flotar hacia una luz sin forma; desvanecerme, ser sólo un sentimiento deshecho en jirones a través de las hojas, y el tiempo...
Era luna llena...
Era luna llena cuando me besaba. Mis manos temblaban, mi cuerpo dibujaba espirales. Creí encontrar un refugio momentáneo a mi noche eterna y pesadillas; su voz enardecida me habló de tiempos y lugares distantes, y en su mirada hallé las luces de mares y horizontes lejanos.
Era luna llena; los pálidos reflejos del amanecer inquietaban el pulso de mis labios afiebrados.
Y el eco de sus sueños dibujó ilusiones por sendas desconocidas en mi memoria.
Esta noche su luz derrama círculos de hielo en la distancia, pero mis ojos, ciegos en la espera, sólo distinguen figuras inertes.
La luna se oculta a mi espíritu, y esconde sus pasos a mis dedos ateridos.
Era luna llena; los pálidos reflejos del amanecer inquietaban el pulso de mis labios afiebrados.
Y el eco de sus sueños dibujó ilusiones por sendas desconocidas en mi memoria.
Esta noche su luz derrama círculos de hielo en la distancia, pero mis ojos, ciegos en la espera, sólo distinguen figuras inertes.
La luna se oculta a mi espíritu, y esconde sus pasos a mis dedos ateridos.
Cómo recordar...
Cómo recordar sin pausas que mi destino se ata al suyo a través de un delgado cordel invisible tendido en la distancia...
Cómo no olvidar el color intenso de sus ojos que me observan desde la cima y el éxtasis...
Mis manos dibujan ecos sobre una piel sangrante.
La voz de las heridas hace escuchar su angustia a través del tiempo.
Y de mis labios brotan llamas y lágrimas. Ya no sé dónde se encumbra la esperanza.
Cómo no olvidar el color intenso de sus ojos que me observan desde la cima y el éxtasis...
Mis manos dibujan ecos sobre una piel sangrante.
La voz de las heridas hace escuchar su angustia a través del tiempo.
Y de mis labios brotan llamas y lágrimas. Ya no sé dónde se encumbra la esperanza.
viernes, 9 de mayo de 2008
Donde está ahora?
Dónde está ahora la caricia sutil que encendió candiles en mi alma, y que me mostró que la ruta no siempre conduce al fondo de una quebrada?
He de pagar con sangre cada desafío al destino marcado por los dioses...
Porque no parece haber elección. Todos los senderos me empujan a un final incierto, y termino mis días escondida del mundo, cubierta por el barro de mi miseria, aferrándome a una calma falsa para poder seguir caminando.
Dónde están ahora los prados exultantes de colores, la brisa primaveral que agita el pelo en remolinos? Dónde las risas nocturnas, los encuentros eufóricos bajo los truenos de una tormenta?
Otra vez el silencio rodeando mis brazos.
Otra vez el olvido marcando su huella en mi frente.
Sólo queda cerrar los ojos, y dejar que el tiempo acelere su obra macabra.
Fue sólo un paso más hacia la ruina.
He de pagar con sangre cada desafío al destino marcado por los dioses...
Porque no parece haber elección. Todos los senderos me empujan a un final incierto, y termino mis días escondida del mundo, cubierta por el barro de mi miseria, aferrándome a una calma falsa para poder seguir caminando.
Dónde están ahora los prados exultantes de colores, la brisa primaveral que agita el pelo en remolinos? Dónde las risas nocturnas, los encuentros eufóricos bajo los truenos de una tormenta?
Otra vez el silencio rodeando mis brazos.
Otra vez el olvido marcando su huella en mi frente.
Sólo queda cerrar los ojos, y dejar que el tiempo acelere su obra macabra.
Fue sólo un paso más hacia la ruina.
Je fait une promesse
Falté a una promesa. Pero a estas alturas, a quién puede importar? Sólo somos yo y mi reflejo en las aguas de la lluvia que no cae. Sólo somos mi eco en el silencio, mi sombra en el abismo, mis ojos encandilados por fugaces pasos de soles y crepúsculos.
Porque nadie vendrá a golpear mi puerta, y sola deberé enfrentar el suplicio de cada mañana. De sonreir y ocultar los deseos por huir de miedo. De buscar valor donde ya no tengo, y esperar que el tiempo consume su gran obra. El exterminio de mi voluntad vacía.
Falté a una promesa. No creo que vengan a cobrar esa deuda.
Porque nadie vendrá a golpear mi puerta, y sola deberé enfrentar el suplicio de cada mañana. De sonreir y ocultar los deseos por huir de miedo. De buscar valor donde ya no tengo, y esperar que el tiempo consume su gran obra. El exterminio de mi voluntad vacía.
Falté a una promesa. No creo que vengan a cobrar esa deuda.
jueves, 8 de mayo de 2008
En una lágrima...
En una lágrima caen mis idilios. En una lágrima, cruel y pasajera, se funden el ocaso pleno de colores y mis ansias de libertad.
Dame el vaso de mi elíxir ahora, y déjame morir, como última nota de una canción sin melodía, diluirme en el silencio.
Dame el vaso de mi elíxir ahora, y déjame morir, como última nota de una canción sin melodía, diluirme en el silencio.
Etiquetas:
Reflejo de estrellas
miércoles, 7 de mayo de 2008
Otra absurda y olvidable historia
Ya no me siento con la libertad de espíritu necesaria para decir que "todos" los hombres son iguales, o tratarlos de bípedos a secas, sin miramientos. Pero de que el 90% cae en esa descripción, no sólo estoy segura, si no el destino se encarga de recordármelo.
Semana Santa fue una buena excusa para sacar mi humanidad de la contaminación santiaguina, y retomar el encuentro con mis raíces marinas. La playa me esperaba, con unos días magníficos, aún buena temperatura, y lo mejor de todo, sin la molesta presencia de la "familia chilena", que con su basura y griteríos arruina hasta mis ganas de tomar sol durante el verano.
Tras una noche de sueño dulce y profundo, acunada por el eco lejano de las olas, desperté una mañana gloriosa con ganas de disfrutar de mi tierra. Caminé por las rocas con la pasión propia de un niño en busca de aventuras. Y terminé la tarde tejiendo en La Puntilla, sin viento, rodeada de dioses griegos. Hasta que me di cuenta que tenía unos sanos deseos de encontrarme con mi loco amor del verano.
Era éste un artista de la zona, de mi misma edad pero con serios problemas de adaptación al paso del tiempo, que recién estaba sacando una carrera, y demasiado aficionado a carretear con gente de menos experiencia. Como a mí todo me daba lo mismo inicié con él un breve pero intenso romance, que se fue al carajo cuando noté ciertas reticencias y conductas poco claras. El clásico "no eres tú, soy yo" convirtió el romántico idilio en sólo una experiencia olvidable más, pero un breve encuentro semanas atrás, que me permitió poner cosas en claro sin perder la sonrisa, me dieron la suficiente entereza como para comprender por fin que efectivamente el problema no era yo, y que incluso podía disfrutar su compañía sin complicarme demasiado la existencia.
Me sorprendí con demasiadas ganas de que el destino lo llevara al mismo bar, o de que se produjera el milagro de un encuentro casual en la calle. Ante tal panorama, que veía con preocupación que podría arruinar mi perfecto fin de semana, decidí tomar cartas en el asunto, y ya que me sabía el teléfono pese a haberlo borrado de la memoria del celular, lo llamé.
Contento de escucharme (buen punto) y cheleando con amigos en su casa (mal punto. Qué no podía estar un día este hombre sin tomar?). Hablamos brevemente, le informé de mi presencia en la zona, y tras un par de frases como jugando al escondite, quedó en que "tal vez" me llamaría, si le salía algo entretenido. Me sentí tranquila de que al menos, como él ya sabía los lugares donde yo suelo transitar, si no deseaba toparse conmigo los evitaría.
Así que la noche me sorprendió caminando decididamente hacia mi destino. Había una luna llena hermosa, como augurando buenas cosas... No quise ir al bar de siempre (mucho frío para tomar una bebida), y me encontré con amigos extranjeros en la entrada del hotel. Conversando, conversando, mucha risa, muy entretenida. Finalmente, tras acompañarlos un rato en el bar (donde terminaron arrastrándome), me fui resuelta hacia la disco, dispuesta a desvivirme en la pista.
Poca gente, ni comparado con la última vez que estuve ahí. Como ahora cultivo la paciencia, decidí darle tiempo a la noche y dejar que el ambiente se fuese armando. Poco después, ya había más público, y me lancé a sacudir el organismo.
Llevaba unas tres canciones cuando casualmente miré hacia mi lado derecho. Pude ver que entre toda la gente habían dos chicas, y en ese momento un hombre se acercaba a ellas, saludando a una con un beso en la boca que demostraba claramente que era "su" chica. Me habría dado lo mismo si no fuese porque el tipo en cuestión me miró abierta y descaradamente mientras la besaba, y era él, mi loco amor del verano.
Me sorprendió tanto que sólo atiné a mirar hacia otra parte. Seguí bailando, ligeramente automatizada, y preguntándome si era posible que fuese él. Había sido tan directa su mirada que dudé. Miré nuevamente, y era.
Me inundó una profunda rabia. Me daba lo mismo que anduviese ya con otra (total conmigo no pasaba nada), pero esa actitud infantil, como diciendo "mira, estoy con ella y no contigo" me indignaba. Acaso el imbécil tenía 15 años? Y creería acaso que me iba a herir en lo más profundo de mis sentimientos?
De hecho, no atinaba a entender si aquella escenita había sido intencional, o si era sólo una jugarreta más de los santos, que de vez en cuando se las arreglan para hacerme la vida un poco más complicada. Y si era deliverada, por qué? Acaso no había sido él quien decidió que prefería estar solo?
Sin entender nada, pero presa de una rabia que se iba poniendo cada vez más oscura, decidí retirarme del lugar. Prefería perderme la noche de baile antes de estar haciéndome la valiente y evitando quedar al lado suyo, dándole en el gusto de creer que me sacaría pica o algo similar...
Iba camino a la puerta cuando una mano me atajó. Ahí estaban mis amigos, que pese a que juraban que esa noche no irían a la disco, ya estaban instalados haciendo de las suyas. Y no dejaron que me fuera. Uno de ellos, un grandote calvo con cara de malo pero dulce como él solo, se dedicó a buscarme prospectos para bailar, ya que él tenía "dos piernas izquierdas". Después de un rato me di cuenta que el encuentro fortuito ya no me importaba. Y a la hora después estaba feliz de la vida bailando merengue con el más simpático de todos.
A lo lejos vi que el sicópata me vigilaba, besuqueando a su pareja y dándose el tiempo para ver si yo lo miraba. Me dio risa. Qué se creía?
Y pensé de verdad que nunca más sabría de él, hasta que el domingo pasado, un mes y medio después del incidente, me llamó al teléfono de la casa. Por el nombre supe que era, pero me asaltaba la duda. Ante tanta pregunta me dijo "estás con tu pololo?". Reconocí la voz, y le pregunté si era el chico de la playa. Me dijo que sí, pero que más rato me llamaba. Y cortó.
Alguien me podría explicar qué es lo que le pasa a ese individuo?
Semana Santa fue una buena excusa para sacar mi humanidad de la contaminación santiaguina, y retomar el encuentro con mis raíces marinas. La playa me esperaba, con unos días magníficos, aún buena temperatura, y lo mejor de todo, sin la molesta presencia de la "familia chilena", que con su basura y griteríos arruina hasta mis ganas de tomar sol durante el verano.
Tras una noche de sueño dulce y profundo, acunada por el eco lejano de las olas, desperté una mañana gloriosa con ganas de disfrutar de mi tierra. Caminé por las rocas con la pasión propia de un niño en busca de aventuras. Y terminé la tarde tejiendo en La Puntilla, sin viento, rodeada de dioses griegos. Hasta que me di cuenta que tenía unos sanos deseos de encontrarme con mi loco amor del verano.
Era éste un artista de la zona, de mi misma edad pero con serios problemas de adaptación al paso del tiempo, que recién estaba sacando una carrera, y demasiado aficionado a carretear con gente de menos experiencia. Como a mí todo me daba lo mismo inicié con él un breve pero intenso romance, que se fue al carajo cuando noté ciertas reticencias y conductas poco claras. El clásico "no eres tú, soy yo" convirtió el romántico idilio en sólo una experiencia olvidable más, pero un breve encuentro semanas atrás, que me permitió poner cosas en claro sin perder la sonrisa, me dieron la suficiente entereza como para comprender por fin que efectivamente el problema no era yo, y que incluso podía disfrutar su compañía sin complicarme demasiado la existencia.
Me sorprendí con demasiadas ganas de que el destino lo llevara al mismo bar, o de que se produjera el milagro de un encuentro casual en la calle. Ante tal panorama, que veía con preocupación que podría arruinar mi perfecto fin de semana, decidí tomar cartas en el asunto, y ya que me sabía el teléfono pese a haberlo borrado de la memoria del celular, lo llamé.
Contento de escucharme (buen punto) y cheleando con amigos en su casa (mal punto. Qué no podía estar un día este hombre sin tomar?). Hablamos brevemente, le informé de mi presencia en la zona, y tras un par de frases como jugando al escondite, quedó en que "tal vez" me llamaría, si le salía algo entretenido. Me sentí tranquila de que al menos, como él ya sabía los lugares donde yo suelo transitar, si no deseaba toparse conmigo los evitaría.
Así que la noche me sorprendió caminando decididamente hacia mi destino. Había una luna llena hermosa, como augurando buenas cosas... No quise ir al bar de siempre (mucho frío para tomar una bebida), y me encontré con amigos extranjeros en la entrada del hotel. Conversando, conversando, mucha risa, muy entretenida. Finalmente, tras acompañarlos un rato en el bar (donde terminaron arrastrándome), me fui resuelta hacia la disco, dispuesta a desvivirme en la pista.
Poca gente, ni comparado con la última vez que estuve ahí. Como ahora cultivo la paciencia, decidí darle tiempo a la noche y dejar que el ambiente se fuese armando. Poco después, ya había más público, y me lancé a sacudir el organismo.
Llevaba unas tres canciones cuando casualmente miré hacia mi lado derecho. Pude ver que entre toda la gente habían dos chicas, y en ese momento un hombre se acercaba a ellas, saludando a una con un beso en la boca que demostraba claramente que era "su" chica. Me habría dado lo mismo si no fuese porque el tipo en cuestión me miró abierta y descaradamente mientras la besaba, y era él, mi loco amor del verano.
Me sorprendió tanto que sólo atiné a mirar hacia otra parte. Seguí bailando, ligeramente automatizada, y preguntándome si era posible que fuese él. Había sido tan directa su mirada que dudé. Miré nuevamente, y era.
Me inundó una profunda rabia. Me daba lo mismo que anduviese ya con otra (total conmigo no pasaba nada), pero esa actitud infantil, como diciendo "mira, estoy con ella y no contigo" me indignaba. Acaso el imbécil tenía 15 años? Y creería acaso que me iba a herir en lo más profundo de mis sentimientos?
De hecho, no atinaba a entender si aquella escenita había sido intencional, o si era sólo una jugarreta más de los santos, que de vez en cuando se las arreglan para hacerme la vida un poco más complicada. Y si era deliverada, por qué? Acaso no había sido él quien decidió que prefería estar solo?
Sin entender nada, pero presa de una rabia que se iba poniendo cada vez más oscura, decidí retirarme del lugar. Prefería perderme la noche de baile antes de estar haciéndome la valiente y evitando quedar al lado suyo, dándole en el gusto de creer que me sacaría pica o algo similar...
Iba camino a la puerta cuando una mano me atajó. Ahí estaban mis amigos, que pese a que juraban que esa noche no irían a la disco, ya estaban instalados haciendo de las suyas. Y no dejaron que me fuera. Uno de ellos, un grandote calvo con cara de malo pero dulce como él solo, se dedicó a buscarme prospectos para bailar, ya que él tenía "dos piernas izquierdas". Después de un rato me di cuenta que el encuentro fortuito ya no me importaba. Y a la hora después estaba feliz de la vida bailando merengue con el más simpático de todos.
A lo lejos vi que el sicópata me vigilaba, besuqueando a su pareja y dándose el tiempo para ver si yo lo miraba. Me dio risa. Qué se creía?
Y pensé de verdad que nunca más sabría de él, hasta que el domingo pasado, un mes y medio después del incidente, me llamó al teléfono de la casa. Por el nombre supe que era, pero me asaltaba la duda. Ante tanta pregunta me dijo "estás con tu pololo?". Reconocí la voz, y le pregunté si era el chico de la playa. Me dijo que sí, pero que más rato me llamaba. Y cortó.
Alguien me podría explicar qué es lo que le pasa a ese individuo?
sábado, 26 de abril de 2008
Sin preguntas
Algo está bloqueando mi energía creativa. No tengo claro qué pasa. Siento mucho, y a veces las palabras brotan solas, lejos de mi control. Pero estoy perdiendo la capacidad de mantener diálogos conmigo.
Será que cada día encuentro menos preguntas a las cuales buscar respuestas?
Será que cada día encuentro menos preguntas a las cuales buscar respuestas?
sábado, 5 de abril de 2008
Prueba de fortaleza.
Nunca antes como ahora había sentido mi vida tan inestable. No hay camino escrito para lo que me espera. No tengo la menor idea de lo que será de mí en un mes más.
Y eso me agrada.
Aunque los días se vuelven lentos y complejos, pesados, cada vez más cargados de responsabilidades que nunca pedí ni deseé. Es tan poco lo que falta, y sin embargo, se me vuelve largo y agotador.
Pero a la vez es el tiempo que me separa de lo que más quiero: abrazar mi libertad y acariciar una piel salina y cálida...
Qué largo y agotador se me hace este tiempo.
Sólo tengo la esperanza de que por fin termine esta verdadera prueba de fortaleza.
Y eso me agrada.
Aunque los días se vuelven lentos y complejos, pesados, cada vez más cargados de responsabilidades que nunca pedí ni deseé. Es tan poco lo que falta, y sin embargo, se me vuelve largo y agotador.
Pero a la vez es el tiempo que me separa de lo que más quiero: abrazar mi libertad y acariciar una piel salina y cálida...
Qué largo y agotador se me hace este tiempo.
Sólo tengo la esperanza de que por fin termine esta verdadera prueba de fortaleza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
